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10 de febrero de 2014

Leyes homofóbicas con fundamento religioso

Hace cosa de un mes, en Nigeria el gobierno encabezado por Goodluck Jonathan  promulgó (sin presentarla al público) una ley que prohíbe, criminaliza y persigue la homosexualidad.  A pesar de la condena internacional a esta ley, las persecuciones comenzaron de inmediato y no se han detenido.

De acuerdo con Reuben Abati, vocero presidencial, se trata de una ley acorde con la religión y cultura del país. Y no es la única nación africana con esta clase de leyes: son ya 38 países, lo que corresponde al 72% de los estados del continente.

Mientras que en Uganda el presidente Yoweri Museveni bloquea una ley anti-gay, su equivalente de Gambia, Yahya Jammeh, ha lanzado una cruzada en contra de la homosexualidad. Incluso se presentó, en septiembre de 2013, ante la Asamblea General de la ONU donde declaró que los gays son una de las tres grandes amenazas mundiales, y que es una epidemia que pone en riesgo la existencia de la humanidad.  También aseguró que los musulmanes y africanos pelearán para terminar con esta conducta.

En 2008 ya había amenazado con decapitar a todos los homosexuales que no abandonaran inmediatamente el país, con el argumento de que Gambia es un país de creyentes, que no tolerará tales inmoralidades, a pesar de la oposición internacional. Este orate ya había anunciado el descubrimiento de la cura del VIH-Sida: una mezcla dehierbas que ha mantenido en secreto.

Al margen de las rarezas de gobernantes como Jammeh, hay una creciente persecución de la homosexualidad en África, gracias a leyes cuyo único fundamento son las doctrinas religiosas, como lo refleja el editorial del periódico oficialista gambiano DailyObserver, que justificó al presidente en términos similares a  "Éste es un país musulmán y cristiano. Tanto el Corán como la Biblia condenan la homosexualidad”.


En África, la religión (convertida en ley) mata.

6 de febrero de 2014

ONU vs Vaticano

El Comité sobre Derechos del Niño ha hecho pública su posición respecto al Vaticano en algunos temas cruciales. Entre ellos, los abusos sexuales cometidos por los sacerdotes y el encubrimiento por parte de los jerarcas católicos, de lo que, sostiene, existe responsabilidad por parte del estado de la Santa Sede.

De acuerdo con el Comité, se trata de decenas de miles de casos; en abierta controversia, la Santa Sede se defiende arguyendo que son unos pocos, aunque inexcusables, miles. De acuerdo con declaraciones de Silvano Maria Tomasi, representante del Vaticano en la ONU, hace unos años, podría tratarse de hasta el 5% de los sacerdotes… lo que significa cosa de 20,000 sacerdotes, buena cantidad de ellos con más de una denuncia, así que sí: decenas de miles de casos.

Tomasi la ha emprendido contra la ONU acusando a los miembros del comité de estar prejuiciados contra la Iglesia Católica. Dice que no han tomado en cuenta las respuestas que dio en enero a sus cuestionamientos (respuestas que se pueden resumir en una sola, la de siempre que salta el tema: no nos compete porque lo han hecho fuera del Vaticano, así que no tenemos información y si la tuviéramos no tendríamos derecho a presentarla; es decir, evasivas en vez de respuestas reales).

Además aduce que se trata de un ataque contra la ideología católica, pues la Comisión de Derechos Humanos de la ONU también le ha puesto el dedo sobre la llaga en temas sobre matrimonio homosexual, interrupción voluntaria del embarazo y equidad de género. Incluso acusa al Comité de estar influido por las asociaciones en favor de los derechos de los gays (lo que sea que eso signifique).

Lo que hace Tomasi es lo que siempre ha hecho la Iglesia: en vez de asumir la responsabilidad por sus fallas, se refugia en acusaciones de persecución. Pero esta vez hay una gran diferencia: nadie está persiguiendo al Vaticano o la Iglesia por sus ideas, sino por incumplir una serie de tratados que firmó de manera voluntaria, y cuya firma exige la aceptación de sus principios y su aplicación jurídica.

Ante la ONU, la Santa Sede no es una Iglesia cuya religión debe ser respetada, sino un país más, que debe dar cuenta de sus actos e incumplimientos, como todos los demás. Si los moros de Iraq violan derechos, la ONU les denuncia y exige acción; si los meapilas del Vaticano violan derechos, la ONU les denuncia y exige acción.